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No le sorprendió que nadie contestara.

-Pero no hay que hablar de escribir porque entonces no se escribe nunca.

Al primer ministro no le consoló pensar que casi todos los que afirmaban que querían escribir un libro no lo escribían nunca, porque el tremendo sentido del deber de la reina garantizaba que ella sí lo escribiría.

-Y ahora, primer ministro -se volvió alegremente hacia él-, ¿qué decía?

El premier se levantó.

-Respetables como son sus intenciones, señora -dijo, con un tono informal y amistoso-, creo que tengo que recordarle que ocupa una posición única.

-Casi nunca lo olvido -dijo ella-. Siga.

-Creo que no me equivoco si digo que el monarca nunca ha publicado un libro.

La reina agitó un dedo hacia él, un gesto que en el momento de hacerlo recordó que era peculiar de Noel Coward.

-Eso no es del todo cierto, primer ministro. Mi antecesor Enrique VIII, por ejemplo, escribió un libro. Contra la herejía. Por eso  a mí todavía me llaman Defensora de la Fe. También lo hizo mi homónima Isabel I.

El primer ministro estaba a punto de protestar.

-No, ya sabemos que no es lo mismo, pero mi bisabuela, la reina Victoria, también escribió un libro, Hojas de un diario de Highland, bastante plomo, por cierto, y tan poco ofensivo que casi es ilegible. No es el modelo que yo quisiera imitar. Y, por supuesto -y aquí la reina miró fijamente al primer ministro-, tenemos a mi tío el duque de Windsor, que escribió su libro, La historia de un rey, una crónica de su matrimonio y aventuras ulteriores. Esto, por sí solo, ¿no sirve de precedente?

Provisto del consejo del ministro de Justicia sobre este punto concreto, el primer ministro sonrió y fingió que le apenaba formular su objeción.

-Sí, señora, pero la diferencia está, sin duda, en que Su Alteza Real escribió el libro como duque de Windsor. Sólo pudo escribirlo porque había abdicado.

-Oh, ¿no lo había dicho? -dijo la reina-. Vaya, ¿por qué creen que les he reunido a todos?

FIN

Nota: 6. Ameno con una anécdota desaprovechada.

UNA LECTORA NADA COMÚN
Alan Bennett

Traducción Jaime Zulaika
118 páginas
Anagrama

Comentario en el blog La tormenta en un vaso

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