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[páginas 218-220]

No le dirá que lo ha abandonado todo a cambio de esta vida doméstica asentada, la que él atesora y ama. No le dirá que su vida pública es, a su manera, un secreto dentro de un secreto. Que él, a su manera, es también un ladrón del alma, y que el alma que ha robado pertenece a una lesbiana ex escultura que vive en algún lugar lejano y, con toda probabilidad, sola. Y que él ahora vive, e irá a su tumba, acompañado por otra.

Nathaniel tiene la casa a su disposición. Es suya, en una soledad temporal, excepto por su sombra. Sube la escalera. Empuja la puerta del dormitorio de Jeremy.

Nathaniel Mason se acerca al escritorio sobre el que se amontonan los objetos de Jeremy. Ahí, en el lado izquierdo, hay en el borrador de una redacción para acompañar al formulario de solicitud de admisión en una universidad, impreso por el ordenador de Jeremy. Nathaniel se inclina para leerlo.

Las cosas que damos por descontadas

POR JEREMY MASON

¿Qué damos por descontado? ¿Y dar ciertas cosas por descontadas es natural o un error? ¿O tal vez tanto lo uno como lo otro? Cuando viajo en autobús desde mi casa a la escuela de enseñanza media Emerson, donde estudio, sé con mucha anticipación dónde están todas las curvas de la carretera. Puedo prever los atascos de tráfico. La mayor parte de los días mis compañeros de clase ocupan los mismos asientos. Incluso sé cuando ladrarán los perros del barrio. ¡Por inverosímil que parezca, conozco los nombres de algunos de los perros, puesto que los he paseado, como un trabajo en el verano! Gracias a Dios, los seres humanos somos capaces de prever algunos acontecimientos. De esa manera, podemos hacer planes.

Podemos ahorrar dinero por si en el futuro nos encontramos en apuros. Podemos trazar una estrategia, un plan de acción. De no ser así, viviríamos continuamente en la oscuridad, encontrándonos con sorpresas a cada momento. Las sorpresas son buenas, pero no cuando son eternas. Sin embargo, hay ciertas cosas que jamás debemos dar por descontadas, sobre todo tres de ellas. No debemos dar por descontadas a nuestra familia, nuestras creencias y nuestros [¿puntos fuertes y flacos?, ¿seres queridos?, ¿salud?].

Nadie debe dar por descontada a la familia. Por ejemplo, mi hermano menor es raro, pero siempre me sorprende por lo valiente que es. La semana pasada dijo a la familia que el próximo verano se propone viajar solos la India, par que lo “ilumine” un gurú que ha encontrado en internet, y del que tengo la seguridad de que no es tal gurú. Le gusta llamar la atención, pero en el fondo es inofensivo e intrépido. Ha dicho que es gay, pero eso fue una grandilocuencia suya. Por ejemplo, le he visto mirar absorto durante largo rato la revista Playboy. Mi madre es una persona reservada, pero siempre está a mi disposición y siempre me apoya en mis esfuerzos atléticos y logros académicos, y siempre está de mi parte. Insiste en que estudie seriamente y que prescinda de cuanto pueda para volcarme en el estudio y el atletismo. También mi padre es reservado, pero, como dice el viejo proverbio, del agua mansa líbreme Dios, que de la brava me libro yo. Sé que él…

Nathaniel se aparta de la página. En un lado del escritorio, dentro de su jaula, Amos, la rata albina que es la mascota de Jeremy, alza el hocico de su yacija para ver si ocurre algo. En el exterior tal vez un coche esté subiendo por el sendero de acceso. Lo que su hijo ha escrito sobre él, sea lo que fuere, puede esperar a que lo inspeccione. Pronto estarán todos en casa, su mujer y sus dos hijos, y Nathaniel habrá preparado una ensalada, mondado y hervido las patatas para el puré, y habrá colocado suavemente los filetes en la parrilla. ¿Añadirá una guarnición de judías verdes? Eso depende. Las puertas delantera y trasera harán ruido al abrirse, y el tumulto llenará la casa como lo hace cada noche. Laura le ha dejado una nota informándole de que los platos están escondidos en el frigorífico, y cómo debe prepararlos. “Bienvenido a casa, cariño”, empieza la nota, y sigue diciendo: “¿Has estado en la radio? Si no tienes ideas sobre la cena, deberías empezar por…”.

(En el sótano, cerca de su mesa de trabajo, donde está montando una casita azul para pájaros que colgará del manzano en el jardín trasero, hay un amigable y compacto pato metálico, robusto y erguido sobre sus dos patas de metal. En el cajón de la misma mesa hay un sobre cerrado. Y dentro del sobre hay un mensaje doblado, seguramente una bendición, cree él. Esta esperanza constituye su último artículo de fe, que no soltará hasta el fin de sus días.)

Bendiciones aparte, piensa, para mi familia, para los pobres y desvalidos, los desconsolados, las víctimas de la violencia y sus perpetradores. Que ninguno de ellos sea destruido. Bendiciones para todo el mundo. Bendiciones sin límite.

Una última visita de Gertrude Stein, mientras se despide de él agitando una mano: Durante largo tiempo, también ella había sido un ser vivo.

Al cabo de unos minutos, en la cocina, saca los platos del frigorífico, uno tras otro. Inicia los preparativos de la cena.

FIN

Nota: 6,76. psé, está bien. Un poco artificiosa. Los tiene mejores.

EL LADRÓN DE ALMAS

Charles Baxter

Traducción de Jordi Fibla

RBA, febrero de 2010

[página 187]

Detesto los sueños. Los detesto cuando aparecen en la literatura y cuando yo mismo los tengo. Desconfío del valor como verdades que Freud les asignaba. Los sueños mienten tan a menudo como dicen la verdad. Sus castillos, reinos y mazmorras imaginarios son una colección desechada y rota de metáforas obvios. Cuando las tienes en la mano, te falta la llave que te dé acceso a cualquier sitio. No abrirán ninguna puerta.

Comentario en el blog El placer de la lectura

Reseña en El Cultural

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