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[páginas 341-323]

-¿Cómo nos ganaríamos la vida?

Joachim estaba hablando muy en serio.

-Yo tomaría fotos mucho mejores que las que he tomado hasta ahora y tú escribirías libros de viaje ilustrados con mis fotografías.

-¿Y eso duraría siempre? ¿Qué ocurriría cuando nos hiciéramos viejos?

-Como todo el mundo, nos veríamos grotescos comparado con lo que habíamos sido de jóvenes. Pero seguiríamos hablando de fotos y de poesía. Seríamos una famosa pareja de colaboradores. Y la fama eclipsaría nuestra fealdad. Muchos jóvenes guapos seguirían queriendo acostarse con nosotros.

Paul se sirvió otra copa de vino del Rin, la bebió de un trago, la dejó sobre la mesa y, con una voz totalmente distinta, dijo:

-A propósito. ¿Qué se ha hecho de Irmi?

-Bueno, creo que se ha casado. Tiene dos hijos. El marido es médico. Viven en no sé qué barrio de las afueras. Son muy, muy aburridos. No la veo nunca.

-Una mañana, aquella vez que fui a Altamunde con Ernst, me levanté muy temprano e hice el amor con ella en la playa.

-Oh. -Joachim ya no escuchaba.

-Yo hice… No importa. Quería preguntarte por alguien más… Durante ese viaje absurdo fuimos a ver a una pareja… creo que se llamaban Castor y Lisa Alerich.

-Oh, nada más tener al niño él la abandonó. No pudo soportar la paternidad. De todos modos es un tipo siniestro y calculo que muy pronto estará planificándonos las vidas como Gauleiter del distrito.

-A Lisa sólo la vi un momento. Se había asomado al balcón, a ver la fogata que Castor nos había hecho armar en el jardín. Era preciosa.

-¿La fogata? -Joachim estaba cansado.

-Lisa. Allí, de pie en el balcón, mirando las chispas que la rodeaban. Estaba embarazada.

-Todos mis amigos cambiarán -dijo Joachim, y bebió más vino. Con la copa en el aire, bamboleándose, arengó a sus amigos como tres años atrás había hecho una madrugada en Sankt Pauli-. Pero yo seguiré siempre igual. Estaré siempre solo porque con la gente que me gusta, sujetos como Horst (y me temo que a ése voy a perseguirlo), no puedo hablar una palabra. Pero no quiero seguir siendo vendedor de café. Ni quiero vivir más en este estudio, ni dar fiestas para los amantes de Heinrich o de Horst. No quiero seguir viviendo en esta ciudad ni en este país. Francamente, ya sé lo que voy a hacer. Voy a ir a Postdam a visitar a mi tío.

-¿El general Lenz, el dragón llameante?

-Es la única persona de la cual estoy seguro que odia lo que está ocurriendo. Detesta a los nazis. Llevaré mis fotografías. Haré lo posible por caerle en gracia y le pediré que use sus influencias para conseguirme un trabajo de fotógrafo en el ejército. No quiero ser fotógrafo artístico en una ciudad ni hacer fotos artísticas para revistas de arte. Me dedicaré a fotografiar soldados durante las maniobras militares, soldados en tanques, soldados con ametralladoras, y a veces nadando desnudos en los ríos y los lagos. Creo que a mi tío le gustarán las fotos. Tengo la sensación de que viajaré mucho. Estoy convencido de que en los próximos años el ejército alemán viajará muchísimo a un montón de países. Pero claro, es que estoy TERRIBLEMENTE borracho, más borracho de lo que he estado nunca en mi vida. Y tú también, Paul. Tu también estás TERRIBLEMENTE borracho.

FIN

Nota: 6. Deslavazada.

EL TEMPLO
Stephen Spender

Prólogo de Luis Antonio de Villena
Introducción de Stephen Spender
Traducción de Marcelo Cohen

Cabaret Voltaire

2010

WH Auden, Cecil Day Lewis and Stephen Spender at the PEN conference in Venice, 1949. Photograph: Hulton Getty

[página 125]

-Cualquiera que no esté completamente muerto se entusiasma por un puñado de cosas y rechaza otras.

Ficha del libro en la editorial

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