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-¿Por qué está tan callado tu amigo?

-Es del partido. Para él este es uno de los días más tristes de su vida.

-Vaya por Dios.

-Aunque lo veas así es un buen tipo.

El señor Lehmann esperaba encontrar a las masas enfervorecidas en la Moritzplatz, pero ya era un poco tarde para eso. Lo único que había era una caravana inmensa de coches procedentes del Este que luego se iban distribuyendo en todas las direcciones. El ruido era ensordecedor, y apestaba a tubo de escape.

-Menuda mierda -dijo Sylvia.

-¿Adónde irán?

-Probablemente al Kuhdamm.

-¿Por qué al Kuhdamm?

-¿Adónde si no?

Se quedaron parados un rato sin saber qué hacer. El aburrimiento no tardó en llegar.

-Yo ya he tenido suficiente -dijo Sylvio-. Me agro a Schöneberg.

-¿Qué se te ha perdido en Schöneberg?

-La escena gay y todo ese rollo, ya sabes. Allí la cosa está que arde, te lo juro. Además, puede que me encuentre con un par de amigos de los viejos tiempos. -Sylvio le dedicó una sonrisa al señor Lehmann, y luego un codazo-. ¿Y tú qué?

-Iré donde me pongan una cerveza -dijo el señor Lehmann.

-Hazlo. Y no te vengas abajo por cumplir treinta. Sé de lo que hablo, créeme. Yo ya calzo treinta y seis.

-No jodas.

-A Erwin le dije que tenía veintiocho. Si llego a decirle mi verdadera edad no me habría contratado. Por suerte Erwin no es de los que te pide los papeles. Bueno, pásalo bien, señor Lehmann. Tengo que atender a la llamada de mi naturaleza maricona.

-¿Cómo vas a ir a Schöneberg?

-Fingiré que vengo del Este. Seguro que alguien me lleva.

Sylvio se fue por la Oranienstrasse, paró un coche, habló un momento con el conductor, se montó y salió echando leches.

El señor Lehmann, rodeado de todo ese tráfico, se sintió vacío.

No quería irse a casa. Allí sólo le esperaban un par de libros y una cama vacía. Quizá no sea tan mala idea comprarme una tele, pensó. O irme de vacaciones. Podría irme a Bali con Heidi, o a Polonia. O empezar una nueva vida en cualquier otra parte. Comenzaré por beberme una cerveza donde sea.

Mejor será que me mueva -pensó-. El resto ya vendrá solo.

FIN

Nota: 1. ¿Para qué lo habrá escrito? ¿por qué lo habrán publicado?

CÓMO SER EL SEÑOR LEHMANN
Sven Regener

Traducción de Valentín Ugarte
451 editores, 2010

Reseña en El placer de la lectura

Comentario en el Blog de Metrópolis Libros

Reseña en El Imparcial

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