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[páginas 238-240]

El lunes por la mañana, tomó un avión de vuelta a Los Ángeles y un taxi hasta Parker Center. Subió a pie hasta el seto piso sintiendo cómo los músculos de alrededor de la herida de la ingle se estiraban y encogían. Pasarían semanas hasta que pudiera volver a hacer el amor, pero cuando el viejo doctor traficante le diera el alta, cogería a Kathleen y pasaría con ella todos los fines de semana.

Los pasillos de la sexta planta estaban vacíos. Lloyd miró su reloj de pulsera y vio que eran las 10.30 de la mañana, la hora del descanso matutino. Sin duda, el Holandés debía haber cubierto su prolongada ausencia con alguna excusa, así que por qué no reunirse con los demás.

Lloyd abrió la puerta del bar. Su cara se iluminó al contemplar aquella gran sala llena de hombres en mangas de camisa que tomaban café y donuts, que reían y hacían chistes e inocentes gestos obscenos. Se quedó junto al umbral de la puerta regocijándose en la imagen hasta que el estruendo se convirtió en un susurro. Todos los presentes en la sala le estaban mirando y cuando se pusieron en pie y empezaron a aplaudir, miró en sus rostros y no vio sino amor y respeto. La sala se emborronó por sus lágrimas, mientras los gritos de “bravo” y los aplausos le hacían retirarse hacia el pasillo, derramar más lágrimas y preguntarse qué diablos significaba aquello.

Lloyd corrió hacia su despacho. Buscaba las llaves en el interior de su bolsillo cuando el oficial Artie Cranfield llegó junto a él y le dijo:

-Bienvenido, Lloyd.

Lloyd señaló hacia abajo, hacia la entrada, y se enjuagó las lágrimas.

-¿Qué coño es todo esto, Artie? ¿Qué coño significa?

Artie lo miró sorprendido y luego precavido.

-No te hagas el loco, Lloyd. Corre el rumor por el departamento que tú aclaraste el caso del Carnicero de Hollywood. No sé cómo empezó, pero todos los de Robos y Homicidios están convencidos de ello y también la mitad de la policía de Los Ángeles. Se dice que el Holandés Peltz se lo dijo en persona al jefe y que el jefe ordenó a los de Asuntos Internos que te dejaran en paz porque mantener en el departamento era el mejor modo de que tuvieras cerrado el pico. ¿Quieres hacer el favor de contármelo todo?

Las lágrimas de desconcierto de Lloyd se convirtieron en lágrimas de risa. Abrió la puerta del despacho y se secó las lágrimas con la manga.

-El caso lo solucionó una mujer, Artie. Una poetisa de izquierdas que detesta a la policía. Ríete de la ironía y disfruta de tu grabadora.

Lloyd cerró la puerta ante las narices de Artie. Cuando le oyó alejarse por el pasillo, refunfuñando, encendió las luces y contempló su cubículo. Todo estaba igual que la última vez que lo había visto, excepto por una rosa solitaria que había en una taza de café, sobre su mesa. Junto a la taza había una hoja de papel. Lloyd la tomó y leyó:

Querido Lloyd:

Las despedidas largas son terribles, así que seré breve. Tengo que marcharme. Tengo que marcharme porque tú me has devuelto la vida y tengo que ver qué puedo hacer con ella. Te amo y necesito tu cobijo, y tú necesitas el mío, pero el lazo que nos une es de sangre y si seguimos juntos nos poseerá y nunca tendremos la posibilidad de estar cuerdos. He dejado mi librería y mi apartamento (de cualquier modo, pertenecen a mis acreedores y al banco). Tengo el coche, unos pocos cientos de dólares en efectivo y me marcho, sin exceso de equipaje, hacia lugares desconocidos. (Los hombres lo han hecho durante siglos.) Tengo muchas cosas en mente, mucho que escribir. ¿Te parece un buen título Penitencia por Joanie Pratt? Ella me pertenece y voy a darle lo mejor que tengo, y tal vez así sea perdonada. Me duelo por tu pasado, Lloyd, pero aún me duelo más por tu futuro. Has escogido segar lo repugnante y reemplazarlo con tu amor aplastante, y éste es un doloroso camino a seguir. Adiós. Gracias. Gracias. Gracias.

P. D.: La rosa es para Teddy. Si le recordamos, entonces nunca será capaz de hacernos daño.

Lloyd dejó el papel sobre la mesa y cogió la flor. La apoyó contra su mejilla y yuxtapuso la imagen con los arreos espartanos de su oficio. Un terror con perfume de rosa emergió junto a los armarios de sus archivos, junto a las órdenes de busca y captura, el mapa de la ciudad y todas las demás cosas de su despacho para producir una luz blanca y pura. Cuando las palabras de Kathleen transformaron la luz en música, grabó aquel instante en la más dura fibra de su corazón y se la llevó consigo.

FIN

Nota de 3ª o 4ª relectura: 10.

JAMES ELLROY

SANGRE EN LA LUNA

Traducción: Magdalena Durán Coll

Júcar-Etiqueta Negra

Marzo de 1989

James Ellroy where Elizabeth Short’s body was found in 1947. Stephanie Diani for The New York Times

Comentario en el blog No hay segundas oportunidades

Sobre Lloyd Hopkins en el blog Mis detectives favoritos

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