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[páginas 903-906]

Actitud del autor hacia sus lectores

Otro tipo de personas sobre los que el ecuánime escritor debería adoptar una actitud imparcial es la gente que le escribe cartas. La mayoría de estas personas se puede clasificar en una de las siguientes categorías:

1. Gente enferma y chiflada. El escritor debe ser capaz de distinguirlo y recordar que las personas en estados mentales anormales tienen tendencia a encenderse por cualquier cosa.

2. Mujeres solas e individuos aislados en provincias. Sobre éstos, aún cuando estén sanos, debe decirse prácticamente lo mismo: el hecho de que escriban cartas a los escritores demuestra que necesitan comunicarse con alguien y no implica necesariamente un interés ni ningún mérito de los libros del escritor.

3. Jóvenes que desean que el escritor lea sus manuscritos.

4. Gente que quiere el autógrafo del escritor. Éstos, en su mayor parte, o bien lo quieren para su colección, y no tienen ningún interés en los libros del escritor, o lo quieren para venderlo luego.

Junto con este número considerable de cartas, el escritor recibirá algunas escritas por personas interesadas en lo que ha escrito y que tienen algo que decirle al respecto. Pero, en general, puede darse por sentado que las cartas dirigidas a escritores no significan nada. Ningún escritor que haya sido editor puede tomárselas tan en serio como frecuentemente hacen los escritores que no han tenido tal experiencia. Cualquier editor sabe que, por muy malo que sea el artículo que acaba de publicar en su revista, siempre recibirá una carta de algún lector diciéndole que le ha cambiado la vida, o que, por muy bueno que sea el texto, siempre puede ocurrir que por su causa alguien cancele su suscripción.

Deberes del lector para con el autor

Uno nunca debería enviar manuscritos a los escritores, pues bastante trabajo tienen escribiendo sus libros. Si los autores leyeran los manuscritos que reciben, nunca podrían hacer otra cosa. El autor de un manuscrito en busca de consejo debería enviarlo a una editorial o a un editor: ellos pagan a gente para que haga este tipo de trabajo.

Deberes de los autores para con la otra gente

El escritor no debería tener la costumbre de enviar muchos ejemplares dedicados de sus libros a amigos o a personas que admira pero a las que no conoce. En primer lugar, deberá pagarlos de su bolsillo si excede la cuota de ejemplares que le regala la editorial. En segundo lugar, los libros dedicados por los autores probablemente se convertirán en un incordio: la persona que ha recibido el libro probablemente se sentirá obligada a leerlo y quizá no pueda hacerlo en ese momento determinado; en tal caso, llevará en la conciencia el peso de pensar que debería haberle dado una respuesta al autor. Y cuando por fin consiga leerlo, es posible que tenga la sensación de que la dedicatoria elogiosa o afectuosa lo obligue, le guste o no, a decir algo positivo sobre el libro. Un regalo semejante es en realidad un freno que impedirá que el lector obtenga la opinión sincera que el autor piensa que se merece.

Deberes del novelista para con los lectores y la profesión

Un novelista no debería nunca poner al final de su obra una fecha como la que sigue:

Boulogne-sur-Mer-Hoboken,

diciembre de 1934-enero de 1935

Este tipo de cosas ha estado de moda desde que Joyce fechó Ulysses:

Trieste-Zurich-París. 1914-1921

Pero raramente está justificado. En el caso de Joyce, tardó siete años en escribir el libro, y la fecha tiene un significado especial, ya que hizo que Stephen Dedalus contara en 1904 a los dublineses de la novela que produciría algo importante al cabo de diez años. Pero generalmente es un error de otros escritores el imitar esto, por la razón de que, en primer lugar, es peligroso sugerir una comparación con Joyce; y, en segundo lugar, porque tales fechas son irrelevantes. En el caso de un poema, puede ser que la fecha y el lugar tengan algún sentido si aportan algo que  ayude a comprenderlo y que por conveniencia no puede ser explícitamente en el poema. pero si un novelista es afortunado de verdad, captará nuestra atención con personajes y acontecimientos que se supone nada tienen que ver con su vida; nos habrá inducido a aceptar su realidad, y por lo tanto es una impertinencia hacia su propia creación recordarnos quién es y dónde ha escrito el texto. Si el novelista ha fracasado, el lector, al llegar al final del libro, no querrá que le recuerden ni al autor ni a la temporada que éste pasó en Boulogne-sur-Mer.

Junio de 1935

FIN

Edmund Wilson por David Levine

Nota: 12 -1 punto por espoilearme las partes V, VI y VII de En busca del tiempo perdido, -1 punto por el palo exagerado a los lectores de Tolkien y de las novelas policiacas. Total: 10. Magistral.

OBRA SELECTA

Edmund Wilson

Lumen/Ensayo

[páginas 69-70]

Pues À la Recherche dux temps perdí, a pesar de todo su humor y su belleza, es uno de los más lóbregos libros que se han escrito jamás. Proust nos dice que la idea de la muerte “le acompañó de modo tan incesante como la idea de su propia identidad”; y hasta los nenúfares del riachuelo en Combray, en su continuo esfuerzo por seguir el curso de la corriente y continuamente sacudidos hacia atrás por sus tallos, se asemejan a los fútiles intentos del neurasténico por romper los hábitos que consumen su vida. Los amantes de Proust están siempre sufriendo; casi nunca los vemos en uno de esos momentos de éxtasis o de contento que, al fin y al cabo, no faltan aun en caso de amores desdichados, y en las raras ocasiones en que se supone que existe el goce mutuo, todo el ambiente está ensombrecido por la tristeza y corrompido por el olor pútrido que inmediatamente ha de imponerse. Y los artistas de Proust son asimismo desgraciados; sólo tienen el consuelo del arte.

[página 126]

Nadie como Poe comprendió que, tanto en ficción como en poesía, lo que cuenta no es lo que se dice, sino lo que se hace sentir al lector.

[página 602]

(Carta a Vladimir Nabokov)

Leí mucho a Chéjov este verano y me impresionó terriblemente -no tenía ni idea de la cantidad de terreno que cubrió, qué gran área de la vida describió-; me pareció sobre todo interesante en relación con lo que ha sucedido en Rusia, pues muchos de los tipos a los que se aplica -campesinos que han mejorado su posición, empleados incompetentes e insatisfechos- son los mismos que luego ocuparon la cima de la sociedad. También he leído más a Faulkner. Tu incapacidad para apreciar su genio es para mí un misterio, excepto por el hecho de que, en general, a ti no te guste la tragedia, ¿Intentaste leer The Sound and the Fury?

[página 608]

(Carta a Vladimir Nabokov)

4. Estás equivocado con Jane Austen. Creo que deberías leer Mansfied Park. Su grandeza radica precisamente en el hecho de que su actitud hacia su trabajo es igual que la de un hombre, es decir, la de un artista, y muy distinta de la de una novelista común que explota sus fantasías femeninas. Jane Austen aborda su material de forma muy objetiva. Cada uno de sus libros constituye un estudio de un tipo diferente de mujer, que Jane Austen puede ver a su alrededor. No pretende expresar sus deseos sino construir algo perfecto que se sostenga por su propio pie. En mi opinión, es uno de los seis mejores escritores (los otros son Shakespeare, Milton, Swift, Keats y Dickens).

[página 880]

Recuerdo a Scott Fitzgerald diciéndome no mucho después de que termináramos la universidad: “Quiero ser uno de los más grandes escritores de todos los tiempos ¿tú no?”. Yo nunca había tenido esa fantasía porque mientras Scott leía a Booth Tarkington, Compton Mackenzie, H. G. Wells y Swinburne, yo había leído a Platón y Dante. Sólo cuando más tarde él llego a escritores mejores, sus pautas y sus logros se elevaron, pues él se mediría siempre a sí mismo con los mejores que conociera en su línea. En aquel momento su comentario me pareció un poco tonto, a pesar de que fue una de las cosas por las que más lo respeté.

Reseña en Letras Libres por Christopher Domínguez Michael

Reseña en el blog La tormenta en un vaso

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