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El cañonero de la D!! arrancó y avanzó hacia la casa. Acción Inmediata. El equipo compuesto por tres hombres revisó sus armas mientras la furgoneta se paraba chirriando. Provistos con chalecos antibalas, cargados de equipamiento, salieron y se prepararon para entrar rápidamente. Ahora era su operación. Los policías de paisano la habían cagado de lleno. Ahora les tocaba a ellos acabarla.

Muttley salió por la puerta principal tambaleándose y se vio rodeado por unas figuras uniformadas en cuclillas que lo apuntaban con sus armas.

-¡Al suelo! ¡Ahora! -le gritaron.

Se cayó al suelo.

* * *

Ahora estaba muy cerca de la casa. El equipo de la D11 se hallaba encima de una figura boca abajo. La puerta de la casa estaba abriendo. Entré corriendo. Oí el canto procedente del salón del piso de arriba. Subí la escalera de puntillas.

-¡Vamos! -dijo otra vez-. ¡Venid por mí, hijos de puta!

De repente caí en la cuenta de que eso era lo que él quería. Era un intento de suicidio público. Pero yo no iba a dejar que se saliera con la suya. Los cabrones de la D11, que siempre disparaban a la mínima, estarían más que dispuestos a complacerlo. Joder, nos habíamos preparado a lo largo de los años. El propio Porter había formado parte del proceso. Y yo estaba cansado de ello. Cansado. Entonces me di cuenta de que tal vez también quisiera que todo acabara para mí. Jeannie, la única mujer que había amado. David; se lo debía por su padre. Mi mejor amigo. Mi compañero. Ni siquiera estaba armado. Pero estaba listo. Experimentaba una estimulante sensación de temeridad.

Entré en la habitación. Un muchacho con el pelo de punta se hallaba a cuatro patas. Billy Porter se alzaba por encima de él con una pistola contra su sien. Cuando entré, alzó la vista. Sus ojos me miraron con furia.

-Hola, Billy -dije:

Estaba tranquilo. Preparado.

-¡Atrás! -me escupió-. Atrás o me cargo a este cabrón.

-Por favor -gimió el chico.

Ya no cantaba.

-¿Por qué no me matas a mí, Billy? Como mataste a los otros. Como mataste a Dave.

-Te lo advierto. Atrás.

Ahora. Nunca me había sentido tan vivo. Tan cerca de la muerte. Todo había conducido a ese momento. Era ahora. De repente todo encajaba. Todo tenía sentido. En un instante todo habría acabado. Levanté las manos y avancé poco a poco.

-Vamos, Billy -dije-. Se acabó.

-No se ha acabado. No se ha acabado, joder.

Sus ojos reflejaban un terrible dolor. Un dolor que yo compartía. Todos aquellos años precipitándose. Los dos estábamos hartos.

-Venga, Billy. Vamos a casa, ¿vale?

Cerró los ojos un instante. Levantó la pistola y me apuntó a la cara. Cerré los ojos y aguardé el disparo. Alguien estaba subiendo la escalera ruidosamente detrás de mí. Noté un golpe en la espalda cuando alguien pasó a mi lado dándome un empujón. Hubo un disparo. Se acabó, pensé. Es el fin. Cuando recobré el equilibrio vi que Billy Porter caía al suelo por el impacto de una bala de la pistola de uno de los agentes de la D11 que habían irrumpido en la habitación. Ahora estaba situado encima de Porter. El muchacho estaba gimoteando a sus pies, con la nariz pegada a sus botas. Llorando de gratitud.

-Tranquilo, hijo -dijo el agente, dándole una palmadita en su cabeza puntiaguda-. Tranquilo.

* * *

El fotógrafo consiguió unas buenas imágenes de la bolsa del cadáver siendo sacada de la casa ocupada. Kevin estaba muy animado. Había conseguido una buena noticia. De eso se trataba. Yo conocía la excitación de estar en la escena del crimen y tener algo realmente explosivo que presentar. Material de primera plana. Y podría ayudarle con los antecedentes del caso. Lo había seguido de principio a fin. Era la noticia de Kevin, pero era mi libro. Ahora podía escribirlo. Tenía todo el material. Tenía el final. No me llevaría mucho tiempo, y se podría publicar rápidamente mientras el interés público por el caso todavía estuviera reciente.

Un asesino castigado. Todos los detalles reconstruidos para su consumo. ¿Y la moralidad del asunto? Bueno, ya no parecía que quedara ninguna certeza mortal. La historia de Porter había perdido su capacidad de sorpresa. Ese mismo año un policía fue asesinado a cuchilladas en un disturbio en la urbanización de Tottenham. La violencia aumentaba y las tácticas policiales se volvían más brutales. La sociedad parecía sumida en una guerra de desgaste consigo misma.

Los diarios de Thursby eran harina de otro costal. Debía tener cuidado con ellos; después de todo yo no era precisamente su dueño legítimo. Pero me pertenecían por derecho de posesión y los guardaba celosamente. Eran una fuente, una reserva de chismes y cotilleos y revelaciones capaces de eclipsar mi deseo de confesar. El escritor lo contaba todo sin descubrir nada. Tenía la capacidad de vengarme por todos los años que había pasado revelando trapos sucios inútilmente. Todos los detalles, las reputaciones al descubierto, los secretos que podía utilizar. Y los utilizaría. Todavía no estaba seguro de cómo lo iba a hacer, pero algo se me ocurriría.

FIN

Nota: 4. Y todavía no me lo creo (ver nota al primer libro): aburrido.

JAKE ARNOTT

Canciones de sangre

He Kills Coppers

Prólogo de Rodrigo Fresán

Traducción de Ignacio Gómez Calvo

enero de 2010

roja&negra MONDADORI

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