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[páginas 234-236]

-Oh, para seguirle el juego me es preciso tan sólo retener la lengua -dijo Peter con calma-. Y además tengo mis motivos.

-¿Siempre mi madre?

Peter evidenció su turbación como solía hacerlo; vale decir, apartó el semblante bruscamente.

-¿Qué quieres que le haga? Jamás he dejado de sentir cariño hacia ella.

-Es hermosa, y es un cielo de mujer, no cabe duda -concedió Lance-; pero, en definitiva, ¿qué es lo que representa ella para usted, y qué interés tiene usted en lo que ella haga o deshaga?

Peter, que se había arrebolado, hizo una breve tregua. Después contestó:

-Bueno, es por las reacciones que sus reacciones me producirían a mí.

Ahora hubo, empero, en su joven amigo, una insistencia extraña, intencional:

-En definitiva, ¿qué es lo que representa usted para ella?

-Huy, nada. Pero eso no hace al caso.

-Ella sólo ama a mi padre -dijo Lance al parisiense.

-Naturalmente, y he ahí precisamente mis motivos.

-¿Por qué desea usted evitárselo?

-Porque ella lo ama tan apasionadamente.

Lance dio una vuelta por la habitación, aunque con la mirada siempre clavada en su anfitrión, y dijo:

-¡Ha debido usted sentir hacia ella un tremendo… cariño!

-Tremendo. Siempre -dijo Peter Brench.

Por un momento el joven prosiguió meditando; después tornó a colocarse delante de Peter:

-¿Sabe usted hasta qué punto ella lo ama a él? -Ante eso se cruzaron los ojos de ambos, más Peter, como si su mirada entreviese algo nuevo en la de Lance, pareció vacilar, por primera vez en muchísimo tiempo, en decir que lo sabía todo-. Yo lo he sabido hace nada -dijo Lance-. Ayer por la noche, ella se presentó en mi habitación después de haber estado presente, silenciosa, con los ojos fijos en mí, en la escena que con él hube de arrostrar; se presentó… y estuvimos hablando juntos a lo largo de una insólita hora.

Lance hizo aún una pausa, y de nuevo se sondearon el uno al otro durante unos instantes. Entonces, una luz súbita, que lo hizo palidecer, iluminó a Peter:

-¿Ella lo sabe?

-Ella lo sabe. Me lo confesó todo… para pedirme a mí tan sólo eso, como dijo ella: eso de lo cual ella ha sido capaz. Ella siempre, siempre lo ha sabido -dijo Lance, sin piedad.

Peter quedó mudo un largo rato, durante el cual su ahijado habría podido escuchar su silencioso gemido profundo y, si le hubiese puesto encima una mano, habría podido advertir en él la vibración de una prolongada exclamación reprimida. Para cuando Peter habló, por último, ya había apurado su cáliz:

-En tal caso, me doy cuenta de con cuánta pasión…

-¿Verdad que es prodigioso? -dijo Lance.

-Prodigioso -musitó Peter.

-¡Conque todo su esfuerzo por alejarme de París no tenía otro fin que el de preservar mi ignorancia…! -exclamó Lance con un gesto que simbolizó elocuentemente el fracaso de aquella tentativa.

Habría podido ser dicho fracaso lo que Peter pareció contemplar detenidamente por unos momentos.

-¡Creo que sobre todo (sin que fuese yo consciente de ello en su momento) tenía el fin de preservar mi ignorancia! -repuso finalmente éste, apartando el semblante.

FIN

Nota: 12. Es Dios.

Henry James Jr. and Sr. in 1854. Photograph by Matthew Brady

[página 29]

-Yo lo sé todo. ¡Hay que saberlo todo para poder escribir decentemente!

Henry James, 16 años

[página 219]

-¡Ah, caramba -dijo Lance riendo de nuevo-, si sabe usted demasiado…!

-De eso se trata precisamente, y he ahí por qué soy tan desdichado.

ÍNDICE

La edad madura

El altar de los muertos

La próxima vez

Maud-Evelyn

El árbol de la ciencia

HENRY JAMES

El altar de los muertos y otros relatos

Traducción de Fernando Jadraque

El Club Diógenes – Valdemar

Reseña en CubaLiteraria

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