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[páginas 156-157]

Como nación, nos enfrentamos a la muy clara posibilidad de una impensable guerra atómica con la Unión Soviética, mientras los valientes hombretones de la Universidad de Winesburg llevan a cabo sus heroicos asaltos a los cajones de las cómodas de sus inocentes y jóvenes condiscípulas. Más allá de vuestras residencias hay un mundo en llamas, y a vosotros os enciende la ropa interior. Más allá de vuestras fraternidades, la historia se despliega a diario: guerra, bombardeos, matanza sistemática, y vosotros estáis totalmente ajenos a todo eso. ¡Pues bien, no estaréis ajenos durante mucho más tiempo! Podéis ser todo lo estúpidos que queráis, incluso podéis dar todas las señales, como hicisteis aquí el viernes por la noche, de querer ser apasionadamente estúpidos, pero al final os atrapará la historia. Porque la historia no es el telón de fondo… ¡la historia es el escenario! ¡Y vosotros estáis en el escenario! ¡Ah, qué deprimente es vuestra terrible ignorancia de la época en que vivís! Lo más deprimente de todo es que, en teoría, estáis en Winesburg para erradicar esa ignorancia. En todo caso, ¿a qué clase de época creéis pertenecer? ¿Podéis responderme? ¿Lo sabéis? ¿Tenéis acaso idea de pertenecer a una época? He pasado gran parte de mi larga carrera profesional dedicado a la contienda política, una lucha republicana moderada entre los fanáticos de izquierdas y los de derechas. Pero para mí, esta noche, esos fanáticos no son nada comparados con vosotros en vuestra bárbara búsqueda de una diversión insensata. “¡Volvámonos locos, divirtámonos! ¡Qué tal si luego probamos con el canibalismo” Pues bien, aquí no, caballeros. Quienes dentro de estos muros recubiertos de hiedra tenemos la responsabilidad de mantener los ideales y los valores de esta institución que vosotros habéis pisoteado, no consentiremos el disfrute de esa transgresión intencionada. ¡No se puede permitir que esto continúe, y no se permitirá! Es posible regular la conducta humana, y será regulada. La insurrección ha terminado. La rebelión ha sido sofocada. A partir de esta noche, cada cosa y cada persona volverán a ocupar el lugar que les corresponde y el orden será restaurado en Winesburg. Y también la decencia. Y la dignidad. Y ahora, valientes y desinhibidos hombretones, podéis levantaros y desaparecer de mi vista. Y si alguno de vosotros decide que quiere marcharse para siempre, si alguno de vosotros decide que el código de conducta humana y las reglas de civilizada compostura que esta administración trata de imponer estrictamente para mantener el espíritu de Winesburg no son apropiados para un valiente hombretón como él… ¡por mí estupendo! ¡Que se marche! ¡Fuera! ¡He dado las órdenes! ¡Recoged vuestra rebelde insolencia y marchaos de Winesburg esta misma noche!

El presidente Lentz había pronunciado las palabras “diversión insensata” con tanto desprecio como si fueran un sinónimo de “asesinato premeditado”. Y tan manifiesta era su aversión a la “rebelde insolencia”, que podría haber estado enunciando el nombre de una amenaza dispuesta a socavar la moralidad, no solo de Winesburg, Ohio, sino de la mismísima gran república.

FIN
Nota: 6. Adoro a Roth, pero esto no es lo mejor.

Ilustración de Pablo García para La Nueva España

Ilustración de Pablo García para La Nueva España


INDIGNACIÓN

Philip Roth

1ª edición: marzo de 2009
Traducción Jordi Fibla Feito
Mondadori


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