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-Cuando salgas de aquí no te vas a ir a un sitio soleado. Vas a buscarte un trabajo de verdad. Lejos de Estocolmo.
Bengt volvió a bajar la mirada hacia la mesa. No dijo nada más.
El silencio en la sala era denso.
-Johan, ¿no podrías contarnos cómo es un día aquí dentro?
JW dejó que la boca hablara sola. En su mente soltó a Bengt. Agradecido a Jorge para siempre. Trescientas mil coronas ingresadas en su cuenta de la Isla de Man. El chileno era una buena persona. No se había olvidado de quién le había recogido en el bosque pese a que JW los había traicionado a todos, había actuado a espaldas de Albulkarin, había vendido su alma a los yugoslavos. Jorge tenía que haberse dado cuenta de que JW había jugado a dos bandas, pero también se había dado cuenta de que JW no sabía con quién estaba tratando. De que había sido un ingenuo.
Se acabó la hora de visita.
El mono acompañó a los padres para que salieran.
Margareta volvió a llorar.
JW se quedó en la mesa de la sala de visitas.
Sabía lo que iba a hacer con el dinero.
No sabía lo que iba a hacer con la relación con su padre.

* * *

El patio de la prisión de Kumla: césped corto, sin árboles. Bloques de cemento con la superficie pulida y barras de metal relativamente nuevas; gimnasio en el exterior. Mrado y otros tres serbios levantaban pesas.
Había un pacto no escrito. Por la mañana entrenaban los serbios. Después del almuerzo les tocaba a los árabes.
La vida entre rejas era mejor para él que para muchos otros. En el trullo era alguien. La reputación le protegía. Sin embargo, el clima era más duro de lo que recordaba de la vez anterior. Comprendió en la práctica las lecciones de Stefanovic y las suyas propias. Las bandas reaccionaban. Los grupos mandaban. O eras parte o estabas jodido.
Lo que hacía polvo todo: iba a perder a Lovisa. Annika había interpuesto una demanda directamente tras la condena por drogas de Mrado. Había solicitado la patria potestad en exclusiva y un régimen de visitas para Mrado de una visita al mes en una sala de visitas de mierda con otra persona presente. Eso estrangulaba mentalmente. Le mataba lentamente.
La suerte de Mrado era que Bobban había ido al mismo sitio. Alguien con quien hablar. Alguien que le cubría las espaldas.
¿Cómo podía haber sido tan tonto el cabrón de Nenad como para no ver el parecido entre JW y esa puta a la que se había tirado hacía unos años? Todo había sido perfecto. Habrían reaccionado. Habrían escupido a Rado a la cara. Habrían vendido farla por valor de millones.
Y ahora: Radovan seguía dirigiendo la red más poderosa de Estocolmo, controlando los guardarropas de la ciudad, vendiendo farlopa, colocando alcohol, sentándose en su sillón de piel desgastado en Näsbypark, bebiendo whisky y sonriendo.
Mierda.
No era la justicia serbia. Algún día, Mrado se tomaría su tiempo con Rado. Le borraría la sonrisa. Lentamente.

Quedaba media hora para la comida. Los otros yugoslavos entraron. Mrado y Bobban se quedaron fuera.
Bobban se sentó en el bloque de cemento que hacía de banco de pectorales.
-Mrado, esta mañana he oído que han puesto precio a tu cabeza.
Mrado sabía que pasaría. Rado no olvidaba. Debía mantener el código.
-¿Por quién te has enterado?
Un tío de mi corredor. Vikingo. Condena por robo a mano armada y agresión. Se ha enterado por unos tíos latinos.
Mrado se sentó al lado de Bobban.
-¿Latinos?
-Sí, es raro.  Y un precio alto. Trescientas mil.

FIN

Nota: 4, ¿novela policiaca para pijos?

(Un 9,5  para Jens, probablemente el autor vivo más buenorro.)

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Jens Lapidus-Sommar i P1 2008

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[clic en las fotos para ampliarlas. Merece la pena]


DINERO FÁCIL.
TRILOGÍA NEGRA DE ESTOCOLMO I

Jens Lapidus
Suma de Letras

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