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[páginas 426-428]

-No eres fea, ¿sabes? -dije mientras me sentaba-. Para ser una fulana. No hace mucho que te dedicas a esto, ¿verdad, cielo?
-Yo no me dedico a eso.
-¿Sabes la pinta que tiene una puta al cabo de unos años? Primero se le empieza a estropear la cara. No es precisamente bonito.
-Ya se lo he dicho. No soy una prostituta.
-¿De verdad? Entonces solo eres una timadora, ¿no?
No hubo respuesta.
-Solo te diviertes un poco, ¿no? Estafas a los clientes. Te echas unas risas. El caso es que estamos cerrando todos los tugurios, cariño. Se acabó la diversión. Y puede que tu jefe tenga pensada otra cosa para ti.
-¿De qué estás hablando?
-Puede que quiera ponerte un pisito y hacerte trabajar como es debido. ¿Te gustaría eso? Un pisito en la parte barata de Mayfair, recibiendo a un cliente cada cuarto de hora.
Ella se dio unos golpecitos en un lado de la boca con un dedo. Tenía esmalte de uñas desprendido en los incisivos. Me incliné un poco sobre la mesa.
-¿Te gustaría eso? -dije un poco más alto.
-Oiga -soltó ella-, no soy una puta. No me puede acusar de eso.
Me recliné en la silla y solté una risita. Me lo estaba pasando bien.
-Ah -dije en tono cantarín-. Conoces tus derechos, ¿verdad?
-No tengo por qué decir nada.
-Claro que no. Yo podría utilizar un testimonio verbal contra ti. Mira, querida, la policía se está poniendo dura con la prostitución. Ante el juzgado de Marlborough Street se forma una cola continua de fulanas y chulos. La semana pasada hubo una chica que conocía sus derechos. En lugar de ir allí, fue al tribunal superior. Le cayeron tres meses. ¿Te apetece pasar una temporada en la cárcel de Holloway?
-No, no me apetece.
-Pues empieza a cooperar.
-¿Qué quiere?
-Eso está mejor. Dime el nombre de tu jefe.
-Arthur Springer.
-Y yo soy la reina de Rumanía. Su verdadero nombre.
Ella se encogió de hombros.
-Attilio algo. No sé el apellido.
-¿Y qué es eso de que soborna a la policía?
Jeannie alzó la vista hacia mí. Unos ojos muy abiertos y duros. Parecía preocupada.
-Oiga, se lo ruego, no sé nada de esto.
Asentí con la cabeza despacio.
-Muy bien. Lo dejaremos así. ¿Qué le has contado a mi amigo?
-No he dicho nada.
-Exacto. Verás, a mi amigo se le ha metido en la cabecita que se ha cometido un delito importante. Tú no sabrás nada de eso ¿verdad?
Ella negó con la cabeza despacio.
-Eso está bien. -Sonreí-. Te ha gustado mi amigo, ¿verdad?
Ella esbozó una sonrisa insulsa.
-Es mucho más simpático que usted.
Simpático. Por un momento, su expresión se suavizó. Como la de un niño. Durante ese instante pareció muy serena. Hermosa. Un anhelo terrible en su interior. Deseo. Pensé en lo mucho que debía odiarme. Me hizo sentir vacío.
-A lo mejor le darías un revolcón gratis -dije con desprecio.
Su cara tensó su disgusto.
-Cabronazo asqueroso -murmuró ella en voz baja, desdeñosa.
De repente sentí unos celos inexplicables. No lo entendía. Entonces pensé: A lo mejor Dave se ha enamorado de la fulana. A lo mejor se trata de eso. No me extrañaría. Decidí poner fin a todo lo más rápido posible.
-Bueno, Jeannie -anuncié-. Hoy es tu día de suerte. Solo vamos a amonestarte.
Me levanté, y la silla chirrió contra el suelo. Jeannie me miró frunció el ceño.
-Vamos, cariño. Te dejamos marchar.
Ella rodeó la silla en dirección a la puerta. Esos jodidos malteses pueden ser brutales. Una vez vi a una puta a la que le habían rajado la cara con una navaja de afeitar. De oreja a oreja. Evidentemente, no se había portado bien, pero se negó a declarar contra el chulo. La pobre tonta estaba muerta de miedo.
Y entonces lo dejé pasar.
-Te conviene dejar ese negocio, Jeannie -dije en voz baja detrás de ella-. No es saludable.
Una vez fuera, tuve una charla rápida con Dave.
-No va a decir nada. La voy a soltar. ¿Te parece bien?
-Sí, claro -asintió él de buena gana.
Dejé que Dave se la llevara. Recorrieron el pasillo charlando entre ellos. Sentí celos, por supuesto, pero también inquietud; tenía una vaga sensación que no me quitaba de encima. Algo no iba bien o algo estaba a punto de ir mal.

FIN

Nota: 10. swinning sixties + Londres + gangsters= PER FEC TA

“-¿Y nunca te sentiste tentado de unirte al partido?
-No. Mi viejo quería, claro. Pero yo nunca le vi el sentido. El comunismo es un tinglado para pobres. No tienen nada y quieren compartirlo contigo.”

pág. 374

DELITOS A LARGO PLAZO
Jake Arnott

Prólogo de Rodrigo Fresán
Traducción de Fernando Garí Puig

Mondadori – Roja&Negra
Primera edición: enero de 2009

Comentario en el blog Ven que te llevo

Entrevista  a Jake Arnott

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