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[páginas 226-227]

-Bueno -dijo Max a Amabel, como si ella hubiera hablado por Angela Crevy- ,aquí viene, ya veremos. -Y a continuación entró Richard.

El señor Richard Cumberland no era muy distinto de Alex  y al hablar sus maneras eran muy similares. Dijo: “Hola, queridos”, y dio la mano a todos. Si podía tomaba cada mano en una de las suyas, si le ofrecían solo una, y luego la aferraba con las dos. No daba un mero apretón, sino que la estrechaba como para intercambiar secretos que él jamás guardaría, como para abrazar cada pensamiento íntimo del otro y hacerle saber que lo compartía y volvería a compartirlo con cualquiera con quien se encontrara. En contraste, cuando hablaba nunca se dirigía a menos de tres personas. Tal vez fuera por tacto, o porque era circunspecto, pero no prestó atención a Amabel.

-Ya os habréis enterado de mi problemita -dijo-, la ciudad se ha convertido en un lugar demasiado desagradable para mí. Ya sabéis que mandé eso a los periódicos para anunciar que no podría ir a tal o cual lugar, y no imagináis el escándalo que se ha armado; de modo que pensé que era hora de que el pequeño Richard se marchara por un tiempo, y aquí estoy.

-Qué pena -dijo Alex-, qué pena.

-No parece que os alegréis de verme.

-Querido, no podría estar más contento en todos los sentidos, ya lo sabes, es solo que hemos discutido tanto sobre quién mandó el anuncio a los periódicos y yo siempre decía que habías sido tú…

-Oh, no, Alex, discúlpame, tú no decías eso -intervino la señorita Crevy-, en realidad decías lo contrario. Decías que lo había mandado otro.

-Ya lo ves -dijo Alex a Richard-, así ha sido todo el tiempo y tú estabas a tres minutos de aquí, querido, y no lo sabíamos.

-Oye, Richard -dijo Max-, ¿adónde te diriges?

-¿Por qué? -preguntó el, sonriendo a todos.

-¿Por qué no vienes con nosotros?

-¿Lo dices en serio? -dijo él-. Bueno, sí, por qué no.

-Entonces está decidido -dijo Max, y decidido estaba.

Y de entre todas las cosas del mundo, pensó Julia, eso era lo más parecido a aquella tarde en que la señorita Fellowes había dicho llevemos a la niña a la función de tarde, cuando ella nunca había ido al teatro aún, tan maravilloso era ver a Max tratar (porque eso debía de estar haciendo) de conseguir a alguien que mantuviera entretenida a Amabel. Muy parecido a cuando de pequeños traían a otros niños a jugar y queríamos jugar solos hasta que alguien, lo que no ocurría muy a menudo, venía y se los llevaba y podíamos hacer lo que quisiéramos. Y si todo salía como esperaba, si lograba atrapar a Max, aquel viaje sería como llevarlo hasta el mismo comienzo de su vida y mostrársela para que ambos compartieran algo propio y mucho más emocionante, alcauciles, palomas y todo lo demás, pensó ella, y rió en voz alta.

-Pero ¿tú no ibas a alguna parte? -preguntó Amabel a Richard, solo que mirando a Max.

-Puedo ir a donde iba a ir después -dijo él a todos, y sonrió.

Londres, 1931-1938

 

FIN

Nota: 2. GRAN chasco.

NPG x68947, Henry Green (Henry Vincent Yorke)

Henry Green by Luke Kelly (National Portrait Gallery)

 

 

VIAJANDO EN GRUPO

Henry Green

Traducción de Laura Wittner

Lumen

 

 

“La gente, en sus relaciones con los demás, hace constantemente cosas similares pero nunca por razones parecidas”. pág 104

 

A José María Guelbenzu le gustó. Leer.

Reseña en el blog Ojos de papel

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