Etiquetas

,

[páginas 433-436]

-¿Qué hace Pluto? -quiso saber Junior.

-Ladra. ¡Es un puto perro!

-¿Cómo hago el ruido?

-Solo di lo que los porros dicen. ¿Qué dice un perro en Fiyi? “Guau”, ¿verdad?

-No -dijo Junior-. Yo he visto “guau” en los dibujos americanos, pero en los dibujos de Fiyi los perros no dicen “guau”.

-Bueno, eres un perro americano, así que dirás guau, ¿vale?

-Vale, hermano -dijo Junior-. Guau.

-Bien, éste es el trato -dijo Leonard-. Siempre iremos directos a los chavales. A los pequeños les importa una mierda Darth Vader y Frankestein y todos esos otros monstruosos. ¿Y los personajes monos como Bob Esponja y Barney? Son aburridos. Pero los pequeños adoran a Mickey Mouse. Sus padres adoran a Mickey Mouse. Sus abuelos aman a Mickey Mouse. Tú y yo nos quedaremos con el negocio de todos esos mierdas porque recuperaremos las raíces de los dibujos animados.

-¿Qué haces tú cuando yo hago guau? -preguntó Junior.

-Ensayémoslo -dijo Leonard.

Con el falsete más agudo que pudo sacar Leonard se dirigió a un niño imaginario y le dijo:

-¡Hola! ¡Mi nombre es Mickey Mouse! ¿Cuál es el tuyo?

-Junior -dijo Junior.

-No, no te estoy preguntando tu nombre, ¡por Dios bendito!

-Vale, vale lo pillo. Hazlo otra vez -dijo Junior.

-Espera tu turno -dijo Leonard-. ¡Hola! ¡Mi nombre es Mickey Mouse! ¿Cuál es el tuyo?

-¡Pluto! -dijo Junior.

-Oh, mierda -dijo Leonard Stilwell-. Esto va a costarnos un poco.

Hollywood Nate Weiss tuvo ocasión de hacer una llamada a Laurel Canyon esa tarde. Un residente se había quejado a la Oficina de Relaciones con la Comunidad sobre la venta de trastos viejos que estaba haciendo un vecino. Lo hacía una vez por semana y el denunciante lo consideraba “inapropiado” para Laurel Canyon. Después de hablar con el vecino Nate estaba de acuerdo en que tenía que acabar con esa actividad. Nate conducía en dirección a casa cuando algo le empujó a doblar hacia Mount Olympus.

Condujo hasta la casa de Alí y Margot Aziz y aparcó en la puerta. Pensó en Margot y en Bix Rumstead. Si hubiera obedecido su impulso y hubiese tocado el timbre aquella noche, cuando vio la furgoneta en la entrada… No le gustaba pensar en Bix. Nate creía que todos estaban fastidiados por la manera como Bix había muerto. Pero nunca lo admitirían. Podría pasarles a ellos. Eran tíos duros.

Entonces la puerta principal se abrió y dos chavales salieron corriendo, un chico y una chica, seguidos de su madre, embarazada. Corrían hacia el buzón cuando vieron el coche patrulla, y la mujer dijo:

-¿Algo va mal, oficial?

Nate sonrió y dijo:

-Ya no. Tiene usted una bonita casa.

-Estamos encantados con ella -dijo-. Y conocemos la historia.

-Escribirían ustedes su propia historia -dijo Nate, y todos le despidieron agitando las manos mientras conducía Mount Olympus abajo.

Cuando llegó a la señal de stop en Laurel Canyon, un Porsche 911 pasó volando en dirección sur, cortando a un coche que había iniciado un giro correcto a la izquierda. Nate salió disparado tras el Porsche, encendió las luces del techo e hizo sonar su bocina.

La mujer que conducía tenía todas las marcas propias de las conejitas de la colina, con su pelo luminoso, rizado y despeinado, al estilo de Sarah Jessica Parker. Tenía ojos violeta y la cara rociada de pecas sobre la nariz y las mejillas. Estaba cubierta de un bronceado de salón parecido al de Margot. Su pecho retocado sobresalía y tocaba el volante.

-Su permiso, por favor -dijo Nate.

-¿Estaba yendo demasiado rápido? -dijo ella, con una asombrosa sonrisa de ortodoncia. Su licencia atestiguaba que tenía treinta y dos años y no llevaba ningún anillo de casada.

-Sí, y fue una maniobra muy peligrosa -dijo Nate-. Hemos tenido varias colisiones muy malas en esta carretera.

-Hace poco que tengo este coche -dijo ella- y no estoy acostumbrada. ¡Espero que no me ponga una multa!

Se dio cuenta de que sus dedos subían sutilmente por su falda y que sus atléticos muslos quedaban expuestos.

-Acabamos de mudarnos. Creo que necesitaría a alguien de la zona que me enseñase cómo es vivir aquí.

-Espere un momento -dijo Nate, y caminó hacia su coche.

Cuando volvió, la falda de la conejita de la colina estaba casi por encima del cinturón.

-Creo que si un oficial quisiera conocer mejor a una chica, no le pondría una multa -dijo ella.

-Creo que tiene usted razón -dijo Hollywood Nate-. Firme aquí, por favor.

FIN

Nota: 8. Auténtico.

19-joseph-wambaugh

CUERVOS DE HOLLYWOOD
Joseph Wambaugh

Traducción de Gonzalo Torné
La otra orilla

“Recogelo, por favor -le dijo el carterista a Jetsam, que estaba sentado sobre el guardabarros de su tienda contemplando el ojo de vidrio y sorbiendo su Gatorade.

-No pienso recoger el ojo de nadie -dijo Jetsam-. Puedes coger tú mismo tu ojo, colega.

-Ponte otra vez los guantes, chico -le dijo Flotsam a Gil Ponce-. Y recógelo. Todo hombre tiene derecho a su propio ojo.”

Minireseña en el blog Cruce de cables

Anuncios