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Una vez Sigi hubo embarcado, no hizo el más mínimo esfuerzo por encontrar el camarote 1 o al embajador. Como tenía que ganar tiempo y no quería encontrarse con el ladrón, se dirigió hacia el tocador de señoras, donde sabía que encontraría a Nanny echada, medio desvestida y reclamando toda la atención de la azafata, que estaba inclinada sobre ella con un bote de pastillas para el marco.

-Allí no está tan mal -decía la azafata-, está más movido en este lado. Métase en la cama inmediatamente, querida, eso será lo mejor.

-¿Y qué ocurrirá con el pequeño?

-Estaré bien. Estoy esperando a que el barco leve anclas y entonces iré a buscar a mamá. Tengo algunas noticias muy interesantes para ella, pero sólo cuando hayamos levado anclas.

-Ya no falta mucho- dijo la azafata mirando su reloj.

Mientras tanto, el criado del embajador llegó a su camarote, diciendo:

-Monsieur de Valhubert tiene problemas en la aduana, al parecer no le van a dejar coger el barco.

El embajador no tuvo ni un momento de vacilación.

Habló con el capitán y acto seguido bajó a tierra, acompañado por un agente, que le llevó directamente al despacho donde estaba Charles-Eduouard con varios aduaneros.

-¿Qué es todo esto? -dijo el embajador en inglés.

Charles-Edouard respondió furioso:

-Mi hijo, que parece un miembro de la mafia, ha colocado una cartera llena de monedas de oro entre mis cosas para incriminarme. No me preguntes cómo ha conseguido las monedas. Estoy realmente en una situación muy comprometida.

El embajador dijo al oficial jefe:

-Es absolutamente imposible que monsieur de Valhubert estuviera pasando oro de contrabando. No deben ni considerar esa posibilidad. Tiene que haber sido un error.

-Sí, señor, estamos seguros de que ha sido así. Pero tenemos que averiguar de dónde ha salido todo este oro. ¿Dónde está el pequeño?

-Fue a buscarte -le dijo Charles-Edouard al embajador.

-No le he visto. Mi criado me dijo que estabas retenido, por eso he venido.

-Ha sido de lo más considerado por tu parte, mon cher, te estoy sumamente agradecido.

-Qué menos.

Otro oficial asomó la cabeza.

-Señor Porter, por favor, sólo un instante.

El señor Porter salió y regresó al cabo de un momento.

-Creo que ya hemos llegado al fondo de la cuestión -dijo-. Acaban de arrestar a un hombre a bordo. ¿Me puede dar su nombre y su dirección, señor? Me alegra decirle que no perderá el barco.

Charles-Edouard le dio su tarjeta y se fue apresuradamente hacia el barco con el embajador.

Sigi no calculó bien el tiempo y llego al camarote de su madre antes de lo previsto. Charles-Edouard, desde fuera, oyó una aguda voz familiar diciendo:

-Él siempre ha estado fascinado por madame Novembre… No me sorprende nada. Están hecho el uno para el otro y han huido juntos… Oh, sí, mami, los he visto, de verdad, en su Cadillac.

Charles-Edouard abrió la puerta de golpe, diciendo, en un tono que ni Sigi ni Grace habían oído nunca y que dejó a Sigi paralizado de terror: “Sigismond”. A esto siguió una tremenda bofetada. Los tres se quedaron mirándose un momento. Entonces Charles-Edouard, controlando su furia, dijo:

-Lo que necesitas, hijo mío, es una familia de hermanitos y hermanitas, y debemos hacer todo lo posible para intentar que la tengas. Y ahora, por favor, largo de aquí, ve a buscar a Nanny.

FIN

Nota: 7,5. “Deliciosamente divertida” como dijo Evelyn Waugh. Irónica, además.

Nancy Mitford en Venecia [1957]

LA BENDICIÓN
Nancy Mitford

Traducción de Milena Busquets
Libros del Asteroide

sobre Las hermanas Mitford

sobre Nancy Mitford

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