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[páginas 244-254]

ÉL

Billy aún está probablemente a dos horas de distancia. ¿Por qué no vienes a mi hotel? Estoy en el Hilton. Habitación 1418.

ELLA

(Riendo ligeramente) Cuando la dejaste, dijiste que aquello te estaba matando, y ahora quieres verla de nuevo.

ÉL

Sí, ahora quiero verla.

ELLA

¿Qué es lo que ha cambiado?

ÉL

El grado de desesperación ha cambiado. Estoy más desesperado. ¿Lo estás tú?

ELLA

Yo… yo… la intensidad de mis sentimientos ha disminuido. ¿Por qué estás más desesperado?

ÉL

Pregúntale a la desesperación por qué es más desesperada.

ELLA

Tengo que confesarte algo. Creo saber por qué estás más desesperado. Y no creo que ir a tu hotel vaya a ayudarte. Richard está aquí. Ha venido y me hablado del encuentro que habéis tenido. Debo decirte que creo que cometes un gran error. Richard tan solo trata de hacer su trabajo, lo mismo que tú haces el tuyo. Está muy trastornado. Es evidente que tú también lo estás. Llamas e invitas a entrar en tu vida a una persona a quien no quieres invitar…

ÉL

Te invito a mi habitación. Te pido que vengas aquí, a la habitación de mi hotel. Kliman es tu amante.

ELLA

No.

ÉL

Lo es.

ELLA

(Enfáticamente) No.

ÉL

El otro día me dijiste que lo era.

ELLA

No lo dije. O lo malinterpretaste o no me oíste bien. Lo has entendido mal.

ÉL

De modo que también puedes mentir. Estupendo. Me alegro de que puedas mentir.

ELLA

¿Qué te hace pensar que estoy mintiendo? ¿Estás diciendo que, porque tuvimos una relación en la universidad, ahora tengo que ser su amante?

ÉL

Te dije que estaba celoso de tu amante. Lo tomé por tu amante. Ahora me dices que no lo es.

ELLA

No, no lo es.

ÉL

Entonces otro es tu amante. No sé si eso es mejor o peor.

ELLA

Preferiría que no habláramos de mi amante. Quieres ser mi amante… ¿es eso lo que me estás diciendo?

ÉL

Sí.

ELLA

Quieres que vaya ahora. Veamos, son las seis, estaría ahí a las seis y media. Puedo volver a casa con algo de comida a las nueve como máximo, y decir que he estado comprando. Tendría que comprar primero, o tú puedes hacerlo entretanto… así estaríamos juntos unos minutos más.

ÉL

¿A qué hora vas a venir?

ELLA

Lo estoy pensando. Podrías ir a comprar ahora. Yo me libraré de Richard. Tomaré un taxi. Estaré en tu hotel a las seis y media. Tendré que marcharme a las ocho y media. Dispondremos de dos horas para estar juntos. ¿Te parece una buena idea?

ÉL

Sí.

ELLA

¿Y entonces qué?

ÉL

Estaríamos dos horas juntos.

ELLA

Hoy estoy perturbada, ¿sabes? (Riendo.) Te estás aprovechando de una mujer perturbada.

ÉL

Estoy recogiendo la cosecha de las elecciones.

ELLA

(Riendo.) Sí, es verdad.

ÉL

Ellos robaron Ohio… Yo voy a robarte a ti.

ELLA

Hoy me iría bien un poco de medicina fuerte.

ÉL

En otro tiempo, yo vendía medicina fuerte de puerta en puerta.

ELLA

Todo esto me hace pensar en los bayous.

ÉL

¿Qué estás diciendo?

ELLA

Los bayous de Houston. Llegábamos a ellos atajando a través de la finca de alguien, nos balanceábamos colgados de una cuerda y saltábamos. Nadar en aquella agua de color chocolate con leche llena de árboles viejos y muertos, tan opaca que no podías verte la mano sumergida, con el musgo que colgaba de los árboles y el agua de ese color turbio… No sé cómo lo hacía, pero era una de las cosas que mis padres no querían que hiciera. La primera vez me acompañó mi hermana mayor. Ella era la atrevida, no yo. La desquiciaba por completo la desconcertante preocupación que mostraba nuestra madre por las apariencias. Ni siquiera mi estricto padre podía controlarla, no digamos ya mamá. Me casé con Billy. Lo peor de él era que fuese judío.

ÉL

Eso es también lo peor de mí.

ELLA

Ah, ¿sí?

ÉL

Ven, Jamie, ven a mí.

ELLA

(A la ligera, con rapidez) Muy bien. ¿Me dices de nuevo dónde estás?

ÉL

El Hilton. Habitación 1418.

ELLA

¿Dónde está el Hilton? No conozco los hoteles de Nueva York.

ÉL

El Hilton está en la Sexta Avenida, entre las calles Cincuenta y tres y Cincuenta y cuatro. Frente al edificio de la CBS. En diagonal frente al hotel Warwick.

ELLA

Es ese enorme hotel que no es muy bonito.

ÉL

El mismo. Solo pensaba pasar aquí unos pocos días. Vine a ver a mi amiga que está enferma.

ELLA

Ya sé lo de tu amiga enferma. No vamos a hablar de nada de eso.

ÉL

¿Kliman te ha hablado de ella? ¿Sabes qué le está haciendo a una mujer que se muere de cáncer cerebral?

ELLA

Está tratando de conocer su historia. Ni siquiera de ella, sino la de un hombre al que amó y cuya obra se ha perdido, cuya reputación se ha desvanecido. Mira, por desgracia Richard se crea él mismo su mala prensa, pero no deberías dejarte engañar por eso. Es un hombre enérgico, compulsivo, entregado a su trabajo y sus intereses, que está obsesionado con ese escritor ahora muy poco conocido al que ya nadie lee. Le absorbe, le excita, piensa que guarda un secreto que podría ser instructivo e interesante más que simplemente escandaloso. Sí, tiene la demencial avidez del impulso biográfico. Sí, tiene el despiadado deseo de conseguir lo que quiere. Sí, hará cualquier cosa. Pero si es serio, ¿por qué no habría de hacerlo? Está tratando de devolver a ese escritor a su auténtico lugar en la literatura norteamericana, y quiere que ella le ayude, que le cuente una historia que no perjudica a nadie. A nadie. Las personas involucradas murieron hace mucho tiempo.

ÉL

Tiene tres hijos vivos. ¿Qué me dices de ellos? ¿Te gustaría descubrir una cosa así de tu propio padre?

ELLA

Cuando tenía diecisiete años tuvo una aventura con su hermanastra… él era más joven, tenía catorce años cuando empezó. En todo caso, él era el inocente, era el niño menor. No hay nada vergonzoso en eso.

ÉL

Qué generosa eres. ¿Crees que tus padres serían tan generosos cuando leyeran acerca de la juventud de Lonoff?

ELLA

El martes mis padres votaron por George Bush. Así que la respuesta es que no. (Riendo.) Si escribieras para conseguir su aprobación, nunca lograrías publicar nada que resultara de su agrado. Si dependiera de ellos, ninguno de tus libros se habría publicado, amigo mío.

ÉL

¿Y qué me dices de ti? So descubrieras esto acerca de tu padre, ¿sería de tu agrado?

ELLA

No sería fácil.

ÉL

¿Tienes una tía?

ELLA

No tengo una tía, pero tengo un hermano. No tengo hijos, pero en caso de que los tuviera, si hubiera ocurrido una cosa así entre mi hermano y yo, no es algo que quisiera que mis hijos supiesen. Pero creo que hay ciertas cosas que son más importantes que…

ÉL

Por favor. El arte no.

ELLA

¿Para qué has renunciado entonces a tu vida?

ÉL

No sabía que estaba renunciando a ella. Hice lo que hice, y no lo sabía. ¿Comprendes lo que hará la prensa con esto? ¿Comprendes lo que harán los críticos? Esto no tiene nada que ver con el arte, y todavía menos con la verdad, ni siquiera con entender la transgresión. Se trata solo de producir una agradable excitación. Si Lonoff viviera, lamentaría haber escrito una sola palabra.

ELLA

Está muerto. No lo lamentará.

ÉL

Le calumniarán. Los mojigatos moralistas. Las feministas gruñonas, la repugnante superioridad de los piojos de la literatura le calumniarán rencorosamente sin ninguna razón. Muchos críticos que son buenas personas considerarán lo que hizo un gran delito sexual. ¿De qué te estás riendo ahora?

ELLA

De tu condescendencia. ¿Crees que de no haber sido por las “feministas gruñonas” habría considerado siquiera la posibilidad de ir a tu hotel dentro de veinte minutos? ¿Crees que una chica educada como yo tendría los redaños para hacer semejante cosa? De modo que estás cosechando los beneficios de las elecciones y de las feministas. George Bush y Betty Friedan. (Hablando con dureza, de repente, como la chica de un gángster en una película.) Escucha, ¿quieres que vaya… es eso lo que quieres? ¿O quieres hablar de Richard Kliman por teléfono?

ÉL

No te creo. No creo lo que dices de Kliman. Eso es todo lo que digo.

ELLA

Pues muy bien. ¿Importa eso para nuestras dos horas juntos? Puedes creerme o no, y si no me crees y no quieres que vaya, me parece bien. Si no me crees y quieres que vaya, me parece bien. Si me crees y quieres que vaya, lo mismo te digo. Dime qué quieres.

ÉL

¿Las mujeres de treinta años en estos tiempos sois todas tan dueñas de vosotras mismas, o solo lo hacéis el tiempo necesario para sostener vuestra actuación?

ELLA

Ni una cosa ni la otra.

ÉL

Entonces, ¿solo sucede con las mujeres de treinta años con aspiraciones literarias?

ELLA

No.

ÉL

¿Con las mujeres de treinta años criadas en familias de Houston, que se enriquecieron con el petróleo? ¿Con las mujeres jóvenes superprivilegiadas?

ELLA

No, sucede conmigo. Es conmigo con quien estás hablando.

ÉL

Te adoro.

ELLA

No me conoces.

ÉL

Te adoro.

ELLA

Estás locamente atraído por mí.

ÉL

Te adoro.

ELLA

No me adoras. No puedes. Eso es imposible. Las palabras carecen de significado. Me das la impresión de ser un hombre que andaba buscando una aventura pero no lo sabía. Tú, que desdeñaste toda experiencia durante once años, que te cerraste en banda a todo lo que no fuera escribir y pensar, tú, que te pasabas la existencia en zapatillas, no tenías ni idea. Y solo cuando él se encuentra de nuevo en la gran ciudad, descubre que quiere volver a la vida y que la única manera de hacerlo es sin razonar, sin considerar… en fin, abandonándose a un impulso totalmente irrazonable. Estoy hablando con una persona sometida a una disciplina casi inhumana, un ser racional que ha perdido todo sentido de la proporción y ha entrado en un círculo desesperado de deseos irrazonables. No obstante, en eso consiste vivir, ¿no es cierto? En eso consiste fraguar una vida. Sabes que tu razón puede volver a imponerse en cualquier momento… y si lo hace, ahí está la vida y la inestabilidad. El otro posible motivo por el que podrías haber pensado que me adoras es que en estos momentos eres un escritor sin un libro entre manos. Empieza otro libro, sumérgete en él, y veremos cuánto adoras a Jamie Logan. De todas maneras, iré a verte.

ÉL

Que accedas a venir a mi hotel me hace pensar que tú misma estás en serios apuros. Momentos impetuosos. Este es el tuyo.

ELLA

Momentos impetuosos que conducen a encuentros impetuosos. Momentos impetuosos que conducen a elecciones peligrosas. No querrás recordarme eso con demasiada vehemencia.

ÉL

Creo que puedo confiar en que tú misma lo recuerdes durante el trayecto en taxi hasta aquí.

ELLA

Bueno, ya te he dicho que te estás aprovechando del resultado de las elecciones. De modo que sí, tienes razón.

ÉL

Estás cruzando la línea de sombra de Conrad, primero desde la infancia a la madurez, y luego desde la madurez a otra cosa.

ELLA

A la locura. Estaré ahí dentro de un rato.

ÉL

Estupendo. Date prisa. A la locura. Fuera la ropa y chapuzón en los bayous. (Cuelga el teléfono.) En el agua de color chocolate con leche llena de árboles viejos y muertos.

(Así, con solo un momento más de locura por su parte, un momento de loca excitación, lo mete todo en su maleta, excepto el manuscrito sin leer y los libros usados de Lonoff, y se marcha tan rápido como puede. ¿Cómo no va a hacerlo [algo que le gusta decirse]? Se desintegra. Ella está en camino y él se marcha. Se va para siempre.)

FIN
Nota: 10

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Ilustración de Joe Ciardiello para The New York Times
Sale el espectro
Philip Roth
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