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(páginas 297-301)
Y me lanzó una patada. Y acertó. Pleno impacto con esa pierna suya de pionera, justo por debajo del corazón. ¿El golpe que yo mismo me había situado para recibir? ¡Quién sabe qué me traía entre manos, yo! Puede que nada. Puede que estuviera siendo yo mismo, y nada más. Puede que no sea otra cosa, en realidad, que sólo sea un lamedor de coños, la boca esclava de un orificio de mujer. ¡Come! ¡Y yo como! Puede que la solución más sensata, en mi caso, sea vivir todo el tiempo a cuatro patas, ¡arrastrarme por la vida poniéndome ciego a coño, y dejar lo deshacer entuertos y ser padre de familia para quienes valgan! ¿Quién va a querer que le erijan un monumento, habiendo esos festines que pasean por las calles?

Arrastrarme por la vida, pues: ¡si algo de vida me queda! Me empezó a dar vueltas la cabeza, se me subieron a la garganta los jugos más asquerosos. ¡Ay, el corazón! ¡Y en Israel! ¡Donde otros judíos hallan refugio, santuario y paz, Portnoy, ahora, está expirando! ¡Donde otros judíos retoñan, yo, ahora, estoy expirando! Y lo único que quería era dar un poco de placer, y permitírmelo un poquito yo. ¿Por qué, por qué no puedo disfrutar de un poco de placer sin que el merecido castigo le venga inmediatamente detrás, como un furgón de cola? ¿Cerdo? ¿Yo? Y de pronto vuelve a ocurrir, ¡de nuevo me atraviesa de parte a parte el pasado distante, lo que fue, lo que nunca será! Suena un portazo, se ha ido -¡mi salvación!, ¡mi semejante!- y heme aquí en el suelo ¡gritando MIS RECUERDOS a grandes voces! ¡Mi infancia interminable! ¡A la que nunca renunciaré -o que nunca renunciará a mí! ¡El quid! Recordar los rábanos, los que cultivaba con tanto amor en mi Jardín de la Victoria. En un rinconcito del jardín, junto a la puerta del sótano. Mi kibutz. Rábanos, perejil, zanahorias… Sí, yo también soy un patriota, ¡sólo que en otro sitio! (¡Donde tampoco me encuentro en casa!) Pero ¿y todo el papel de plata que recogía, qué me dice usted de eso? ¡La de periódicos que llegué a juntar en el instituto! ¡Mi álbum de sellos de guerra, pegados en pulquérrimas hileras, para mejor aplastar al enemigo del Eje! ¡Mis aviones a escala: mi Piper Cub, mi Hawker Hurricane, mi Spitfire! ¿Cómo puede estar pasándole esto a un chico tan buenecito como era yo, enamorado de la RAF y de las Cuatro Libertades! ¡Con las esperanzas que puse en Yalta y en Dumbarton Oaks! ¡Con mis plegarias por la ONU! ¿Morir? ¿Por qué? ¿Castigo? ¿Por qué motivo? ¡Impotente! ¿Qué razón válida hay para ello?

La Venganza de la Mona. Claro.

“ALEXANDER PORTNOY, POR LA DEGRADACIÓN QUE HICISTE PADECER A MARY JANE REED DURANTE DOS NOCHES CONSECUTIVAS, EN ROMA, Y POR OTROS CRÍMENES QUE SON DEMASIADO NUMEROSOS PARA ENUMERARLOS AQUÍ, INCLUIDA LA EXPLOTACIÓN DE SU COÑO, SE TE CONDENA A UN TERRIBLE CASO DE IMPOTENCIA, QUE LO DISFRUTES.” “Pero, Señoría, es mayor de edad, a fin de cuentas, los hechos se produjeron con su consentimiento…” “NO ME VENGAS CON ESA MIERDA DE LEGALISMOS, PORTNOY, ERES PERFECTAMENTE CAPAZ DE DISTINGUIR EL BIEN DEL MAL, SABÍA QUE ESTABAS ENVILECIENDO A OTRO SER HUMANO, Y POR ESO, POR LO QUE HICISTE, TE VES CON TODA JUSTICIA CONDENADO A FLACCIDEZ DE POLLA. TENDRÁS QUE BUSCAR OTRO MODO DE HACER DAÑO A LA GENTE.” “Pero, dicho sea con todos los respetos, Señoría, no cabe descartar la posibilidad de que ya estuviera bastante degradada antes de conocernos. ¿Bastará con que le mencione a usted Las Vegas?” “OH, QUÉ ALEGATO TAN MARAVILLOSO, CONSEGUIRÁS ABLANDARLE EL CORAZON AL JURADO, SEGURO, ASÍ ES COMO TRATAMOS A LOS MÁS DESAFORTUNADOS ¿VERDAD, COMISARIO? ¿ESO ES LO QUE ENTIENDES TU POR DAR A UNA PERSONA LA OPORTUNIDAD DE RECOBRAR LA DIGNIDAD Y SU CONDICIÓN HUMANA? ¡HIJO DE LA GRAN PUTA!” “Señoría, por favor, permítame acercarme al estrado… A fin de cuentas, ¿qué hacía yo, más que intentar… cómo diríamos… intentar divertirme un poco, nada más?” “¡SÍ, ERES UN HIJO DE PUTA!” Bueno, maldita sea, y ¿por qué no puedo divertirme un poco? ¿Por qué hasta lo más nimio que yo haga por placer se convierte inmediatamente en algo ilícito, mientras el resto del mundo se revuelca de risa por los suelos? ¿Cerdo? Tendría que ver, esta chica, la cantidad de pleitos y querellas que se amontonan en mi despacho en una sola mañana: ¡lo que hacen las personas, unas a otras, por codicia y por odio! ¡Por la pasta! ¡Por el poder! ¡Por el mero gusto de hacer daño! ¡Por nada! ¡Lo que le hacen pasar a un shvartze para concederle una hipoteca inmobiliaria! el hombre lo único que pide es un paraguas, por si llueve, como decía mi padre… ¡y tendría usted que ver cómo se ensañan con él esos cerdos! ¡Me refiero a los auténticos cerdos, a los profesionales! ¿Qué cree usted que ha llevado a los bancos a contratar negros y puertorriqueños en esta ciudad, a enviar gente del departamento de personal a buscar aspirantes a Harlem? ¿A hacer una cosa tan sencilla? ¡Este cerdo, señora! ¡Portnoy! Si quiere hablar de cerdos, véngase a mi despacho, ¡eche un vistazo a mi bandeja de entrada, cualquier mañana de trabajo, ya verá que cerdos! Las cosas que le hacen a los demás hombres… ¡yéndose de rositas! ¡Sin volverse a acordar del asunto, nunca más! ¡Infligir una herida a una persona indefensa los lleva a sonreír, por el amor de Dios, les alegra el día! Mienten, intrigan, sobornan, roban… ¡Incurren en latrocinio, doctor, sin pestañear! ¡Con qué indiferencia! ¡Con qué completa indiferencia moral! ¡De los crímenes que comenten no se les deriva ni una pequeña indigestión! Pero yo… Me atrevo a sacar los pies del plato, un poquito, durante las vacaciones, además, y, zas, ¡deja de levantárseme! Vaya: si se me ocurriera, Dios no lo permita, quitar la etiqueta de mi colchón sin hacer caso de lo de “Arrancar Esta Etiqueta es un Delito Perseguido por la Ley”… ¿qué me harían, condenarme a la silla eléctrica! ¡Me entran ganas de aullar ante la ridícula desproporción del sentimiento de culpa! ¿Puedo? ¡Se asustarían mucho, los de la sala de espera, si lo hago! Porque eso es lo que me hace falta, por encima de cualquier otra cosa: aullar. ¡Un puro aullido, sin palabras entre él y yo! “La policía al habla. Estás rodeado, Portnoy. Más te vale dar la cara y pagar tu deuda con la sociedad.” “¡Que le den por el culo a la sociedad, polizonte! “A la de tres me sales con las manitas bien arriba, Perro Rabioso, si no quieres que entremos a tiros. Una” “Dispara ya, polizonte, hijoputa, me importa una mierda. He arrancado la etiqueta del colchón…” “Dos.” “…Eso sí, mientras viví, ¡he vivido por todo lo alto!”

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhh!

CONCLUSIÓN

Bien [dijo el doctor]. Ahora nosotros quizá poder empezar. Jawohl?

FIN

(Nota: 8. Por divertida)

Portnoy, Mal de [llamado así por Alexander Portnoy (1933- )]. Trastorno en que los impulsos altruistas y morales se experimentan con mucha intensidad, pero se hallan en perpetua guerra con el deseo sexual más extremado y, en ocasiones, perverso. Al respecto dice Spielvogel: «Abundan los actos de exhibicionismo, voyeurismo, fetichismo y autoerotismo, así como el coito oral; no obstante, y como consecuencia de la “moral” del paciente, ni la fantasía ni el acto resultan en una auténtica gratificación sexual, sino en otro tipo de sentimientos, que se imponen a todos los demás: la vergüenza y el temor al castigo, sobre todo en forma de castración»

(Spielvogel,O., «El pene confuso», Internationale Zeitschrift für Psychoanalyse, vol.XXIV,p.909). Spielvogel considera que estos síntomas pueden remontarse a los vínculos que hayan prevalecido en la relación madre-hijo.

El mal de Portnoy
Philip Roth

Seix Barral Biblioteca Philip Roth
Traducción del inglés por Ramón Buenaventura
primera edición: octubre 2007

rothhouse.jpg

casa de Philip Roth en Newark

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Las fotos vienen desde aquí:

http://newarkusa.blogspot.com/

A fotojournal about LIVING in Newark USA, New Jersey’s largest and most cultured city, by the author of the foto-essay website RESURGENCE CITY: Newark USA.

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